Yugo Desigual.

Tal vez la primera cosa con la que se puede confrontar a un creyente que está considerando una pareja no creyente es que considere que su pregunta viene a ser la misma que hizo la serpiente en el Edén: «¿es verdad que Dios te dijo que no “te unas en yugo desigual”?»… la mentira que autojustifican vendría siendo la respuesta de la serpiente “No es cierto”. De ahí en adelante, todo mal. Al ser el amor una decisión, puedes tomar la opción de relacionarte con alguien no creyente, pero las consecuencias pueden ser nefastas… pero si quieres “muerde el fruto prohibido”.

Las relaciones las veo como un triángulo equilátero, donde en un vértice está Dios y en los otros dos, el hombre y la mujer, que estarían unidos por la base del triángulo. Dios permanece en su vértice y las personas están cerca o lejos de él en este triángulo imaginario. Mientras más cerca ellos están de Dios, más cercana es la relación entre ellos. Si uno se aleja de Dios, la relación entre ellos también se distancia… el triángulo perfecto se rompe.

Creo que una relación entre un creyente y un incrédulo pasará por lo siguiente (a pesar de los limitados casos en que no ocurre así): Para estar en una mejor sintonía con la pareja, Cristo deberá pasar a un segundo plano, ya que no hay tiempo ni espacio para la vida devocional, reunirse con otros creyentes, trabajar en evangelismo o misiones, servir en la iglesia local… ni hablar del tema de ofrendas y diezmos… hay que eliminar estas prácticas con el cuerpo de Cristo para mantener la paz en el hogar. O sea, el creyente cede y se enfría.

Si por el contrario el creyente se centra en Cristo, el incrédulo será marginalizado. Como no comprende los puntos anteriores que mencioné, se sentirá desplazado, poniendo en riesgo la relación.

Con el escenario anterior, la relación sufre hasta matarla, quedando heridas difíciles de sanar. Habrá dolor, resentimiento e infelicidad. No es en vano que Dios haya establecido las relaciones de un creyente con otro creyente. Como sucede en muchos casos en la Biblia llevará, en el peor de los casos, a la apostasía.

La pregunta ¿será verdad lo que Dios dice respecto del yugo desigual? debería ser respondida con un absoluto “Sí”, y no oyendo la mentira de Satanás que, una vez más, nos dice “No es cierto… prueba y verás”.

Jano Molina.